Un paciente va a la consulta con el oncólogo para recibir un posible  diagnóstico de cáncer. En ese momento está acompañado por su familiar o amigo quien también recibe el impacto de la noticia. El médico explica la situación y cuáles son los pasos a seguir en el tratamiento, el paciente ya no escucha más nada, le han quedado las palabras del médico resonando en su cabeza. El acompañante escucha atentamente, toma nota, hace cuentas en su cabeza, reorganiza su rutina cotidiana en un milisegundo mentalmente y sigue prestando atención a lo que el médico dice. El paciente va procesando a su tiempo todo lo que va a tener que atravesar. Tal vez tenga que dejar de trabajar, seguro que la quimioterapia le va a hacer mal, cómo va a pagar los tratamientos, qué va a pasar con su familia, aparecen los miedos que todos pasamos. El acompañante toma aire, silencia su angustia y acompaña.

 

Aquel que acompaña ha decidido tomar el rol de cuidador. ¿Qué significa esto? El cuidador es aquella persona que va a acompañar y apoyar al paciente oncológico en el transcurso de su enfermedad y tratamiento, brindando  un importante apoyo físico, práctico y emocional. Las tareas y responsabilidades que tome varía de acuerdo a cada vínculo y  cada persona, no se trata de un rol fijo y estructurado. El cuidador puede acompañar al paciente a la consulta, puede ayudar con las tareas del hogar, puede encargarse de conseguir la medicación, entre otras tareas. El objetivo principal es facilitarle y ayudarlo. Sin embargo, la carga que supone acompañar al paciente, puede ser demasiada si uno solo se hace cargo de todo.

 

Es por esto, que resulta esencial brindar pautas de cuidados para el cuidador y así evitar el burnt out o síndrome de desgaste por empatía que es un “síndrome tridimensional caracterizado por el agotamiento emocional, despersonalización y reducción de la realización personal”. (Maslack y Jackson). Este síndrome aparece como consecuencia de la exposición continua a altos niveles de estrés, resultantes de la responsabilidad que supone cuidar del bienestar de una persona y por el contacto continuo con la persona sufriente.

 

 

Evitemos el agotamiento, cuidémonos entre todos, que todos podemos dar algo por el otro. Usemos técnicas de relajación y sepamos y reconozcamos nuestros límites a la hora de cuidar de otra persona. Si nos sentimos cansados, pidamos ayuda para que otro se haga cargo de las tareas si nosotros no damos abasto. Esto es lo más importante que un cuidador debe saber. A menudo está tan preocupado por el bienestar de la otra persona que se olvida del suyo propio. Pero, para poder sostener a alguien, debemos estar fuertes nosotros. No lleguemos a nuestros puntos límites, no es necesario, no podemos con todo.

La única manera de acompañar a nuestros seres queridos es trabajando en equipo y fortaleciendo a toda la familia.

 

 

 

 

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